“Para formar una identidad, la categoría social tiene que ser lo bastante rica y permeable para introducirse en muchos y en los más importantes aspectos de la vida...” No recuerdo dónde leí esta frase por primera vez. Pero ahora que se acerca el 8 de marzo, la relaciono con la trayectoria profesional de Nina Simone. Si bien el no desarrollo de su carrera dentro de la música clásica nos regaló una compositora e intérprete brillante, a una siempre le hace preguntarse cómo habría sido su carrera tocando a Bach en otro tipo de escenarios diferentes a los garitos neoyorquinos donde actuaba al comienzo. Aunque a lo mejor los habría abandonado por cursis y estirados al poco tiempo ¿Quién sabe? Nina parecía sentirse “bien” en el ambiente bluesero y jazzístico. Pero no deja de haber en ella cierto hartazgo en algunos conciertos (reprimenda incluida a su público por no guardar silencio o porque tenía mucho que decir); tenía un discurso propio que tenía que ver con ser mujer y que lo cantaba con desesperación en Sinnerman; la lucha por los derechos civiles; la supresión de la ley racial; poder para cambiar las cosas: poder para poder ser ella misma.
Pero tener una identidad no puede ser solo una decisión individual. Y ahí está la tragedia pero también la oportunidad; el recordatorio de que ella no podía ser quien quería ser sin reconocimiento; sin que el grupo dé señales de que capta los mensajes que ella envía en sus canciones; en la forma de entonar; en la forma que tenía Nina de luchar contra las injusticias Mississippi Goddamn al piano. Pero ella tampoco quería ser nosotros -la cháchara del nosotros-: no quería una forma amable de estar, quería ser y eso solo sucede a fuerza de darse cabezazos contra la pared; tropezando en la misma piedra; creyendo que los otros le llegarían a querer tal y como ella se veía.
Llegó la enfermedad mental: un ingrediente más a añadir al cóctel de ser mujer y afroamericana en una sociedad pacata. El orgullo de serlo no era suficiente; seguía esperando ese reconocimiento social que elimina las etiquetas. Tocó el infierno y volvió a resurgir de sus cenizas para regalarnos My baby just care for me ¿Quién puede vivir con el rechazo? A una le hace preguntarse también hasta qué punto el grupo, la sociedad, le hizo enfermar cuando buscaba ser y era... Pero ella también cayó en la trampa de que soy cuando me declaro sinceramente a los demás. Esa es una constante que denuncia Foucault. Pero ella hacía oídos sordos y cantaba “I’ve got my hair...I’ve got my eyes...”
-Empower yourself
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