Pasan llamaradas, hélices de plumas que mueven el amarillo de los campos de trigo. Hasta que dejo de estar en el sur y me acuerdo de aquellas primeras olas, coquetas, tímidamente acariciando la arena. Ahora el agua retrocede abriendo un paréntesis. Una niña se aleja de los otros niños, dividida entre seguir dándole mordiscos al bocadillo o seguir recorriendo la espiral del tiempo impresa en una caracola mientras el sol empieza a caer. El grito de la madre le deposita de nuevo en el mundo -recordatorio de que éste es una lucha entre opuestos- (por ejemplo, consigo misma y/o con los demás). Pero... ¿acaso no estaba más cerca del mundo? ¿Qué conocimiento tiene más peso a la hora de aprehender la realidad? ¿El conocimiento que se obtiene de la introspección o el de la razón ligada a una relación dialógica? En un intervalo de soledad, la razón embebida de emociones caería ante ellas e inclinaría la balanza del lado de la introspección. Por otro parte, el armazón que sostiene es...